
La violencia de género no es algo ajeno a nuestra cultura; en efecto, el probema se arraiga día a día mas fuertemente a nuestra cotidianeidad. Pudimos ver con impacto cómo en Punta Arenas un hombre asesinó a su mujer quien esperaba un bebé; o el caso de hace poco tiempo atrás en que en una pareja de jóvenes universitarios fué el hombre quién agredió a su pareja en un descontrol, aparentemente provocado por una depresión y problemas de convivencia, provacándole la muerte a ella y a su padre quíen trato de defenderla.
Cabe entonces preguntarnos ¿son estos vestigios remotos de violencia de género, o constituye realmente índices preocupantes de maltrato a la mujer?. El problema no es menor; muy por el contrario, índices y estadísticas son lo suficientemente elocuentes como para dar a comprender que nos enfrentamos a una violencia que subyuga a las personas y atravesa transversalmente todos los sectores sociales.
¿Y que es lo que tienen que ver los jóvenes con todo esto? muy fácil, se trata de realizar una sencilla ecuación para comprender que nosotros somos las personas sindicadas como los protagonistas de los cambios futuros, entonces bajo ese punto de vista es necesario comprender que la más mínima muestra de violencia, partiendo por el pololeo, no es un buen augurio para cambiar los tiempos venideros. Nosotros la juventud debemos comprender que vivir en pareja lleva implícito el respeto mutuo generado por una base solida construida por la confianza. Bajo ese punto de vista no se debe tomar como algo normal y producto de la confianza poder garabatear a tu pareja o tratarla mal; nosotros la juventud debemos entender de una buena vez que la convivencia en pareja debe transformarse en una compañía, en un bienestar mutuo. Debemos dejar de buscar "pololas" y encontrar compañeras, eso significa gustos comunes, buen entendimiento, respeto y diversión. He ahí la ecuación perfecta.